Christopher Arsenault entregó su vida entera al cuidado de gatos abandonados. En un incendio devastador en Long Island, Nueva York, perdió la vida junto a más de 100 felinos a los que había rescatado. Su legado, sin embargo, sigue vivo entre los animales que logró salvar.

El incendio arrasó con todo, menos con su amor por los animales
Las llamas destruyeron el Happy Cat Sanctuary, ubicado en Medford, a más de 80 kilómetros de Manhattan. Arsenault, de 65 años, fue encontrado en una habitación trasera del refugio donde vivía de forma austera, rodeado de los animales que tanto amaba. El fuego acabó con la vida de más de un centenar de gatos, pero se estima que unos 150 lograron sobrevivir y ahora deambulan por los restos calcinados del lugar.
Roy Gross, jefe de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales del Condado de Suffolk (SPCA), lidera las labores de rescate. Muchos gatos sufrieron quemaduras o inhalaron humo y fueron trasladados a hospitales veterinarios. La SPCA planea desplegar su hospital quirúrgico móvil, el mismo que usaron tras el 11 de septiembre, para atender a los sobrevivientes.

Dedicó su vida a sanar el dolor que le dejó la pérdida de su hijo
Arsenault fundó el santuario en 2006, poco después de perder a su hijo Eric en un accidente de motocicleta. Canalizó su dolor hacia una causa que se convirtió en su razón de vivir. Rescató a decenas de gatos enfermos y les dio una nueva oportunidad. Vivía en una pequeña habitación, rodeado de los animales que cuidaba con dedicación total.

Durante años, la SPCA inspeccionó el santuario y encontró a los gatos en buen estado. Aunque hubo quejas por su ubicación residencial, las autoridades nunca hallaron signos de negligencia. “No era un acaparador. Era un héroe”, afirmó Gross. Arsenault incluso había comenzado a trasladar a parte de sus gatos a una granja en el norte del estado, donde soñaba con expandir su refugio. Pero ese sueño se apagó junto a su vida en medio de la tragedia.
Ahora, el reto es rescatar y reubicar a los gatos que logró salvar. Y recordar a un hombre que vivió y murió con una misión clara: ofrecer amor a quienes más lo necesitaban.